La maldición del Social Media Manager

Desconexión

Desconexión

La maldición del Social Media Manager (o como esté de moda llamarse ahora) es sencilla: su virtud es su condena. Seguro que ya has leído algo sobre la necesidad de desconectar, de darse un respiro y no dejarse llevar por el torrente social. Pero quizás no has pensado en todo lo que implica realmente.

Puede que ya nadie se ría de ti por que estás demasiado atento al smartphone, dado que ahora todos están demasiado pendientes de él. Pero hay una gran diferencia: quien trabaja en social media no tiene discontinuidad entre su vida profesional y personal. Es decir, usa las mismas herramientas para trabajar que para evadirse del trabajo, lo cual es imposible por mucho que nos mintamos a nosotros mismos.

Éste es el mejor post que he leído sobre el tema (es algo antiguo), es muy personal y por eso es interesante prestarle atención. Hace tiempo hice mi propio experimento personal, y apagué todas mis redes sociales con resultados esperados y alguna sorpresa (WhatsApp como mayor amenaza pese a su aparente ingenuidad).

Esta vez te propongo que pienses en la manera en que te puede afectar desde 4 puntos de vista:

1 Ausencia de discontinuidad

Cuando los canales de tu vida personal son los mismos que para tu actividad profesional se crea una fusión de ambas esferas. Las dos realidades parecen enriquecerse mutuamente, pero puede ocurrir que a largo plazo se “aplanen las experiencias” (son demasiado similares). Esta sensación de languidez o aplanamiento de la experiencia social matará ambas esferas si no tienes precaución.

En principio aportar valores subjetivos al trabajo y cuidar las relaciones personales como potenciales nichos de mercado no está mal, de hecho es correcto. Pero un abuso de estas ventajas provoca efectos perversos: crear marca personal a base de inventarse un “quién soy idílico” o vender seguros a tus familiares con tácticas agresivas son comportamientos típicos de quienes borran eufóricamente todas las fronteras personales y profesionales, tanto de entrada como de salida. Debe haber límites y hay que saber donde establecerlos.

Está claro que hay que tener valores subjetivos en el trabajo: honestidad, sacrificio, metas vitales, humor, equipo, etc. Pero también es palmario que las relaciones sociales y las comerciales tienen marcos diferentes. Pedir ayuda para cambiar una rueda pinchada en una carretera a cambio de 5€ es un experimento fácil que puedes hacer para que veas las reacciones de la gente. Este vídeo sobre una falsa entrevista de trabajo explota la paradoja de insinuar un marco diferente. En el vídeo las normas sociales presentan como estándar un patrón que en un ámbito laboral sería calificado de humillante y esclavista. Sólo han cambiado el marco y nos parece absurdo ¿verdad?

Ese es uno de mis lamentos sobre la marca personal: utiliza normas comerciales en un marco de relaciones personales y por eso me parece una chufla como hay pocas. No confundamos el prestigio profesional o estar disponible con dar la vara y estar de oferta permanente. Pero la continuidad te lleva a perder las referencias, y al final aplicamos normas en marcos que nos son adecuados.

2 El pensamiento computacional como asesino de las emociones

Métrica, menciones, amigos, likes, engagement, impactos en tu blog, SEO, KPIs, ROI… Todo en tu trabajo te lleva a medir resultados (¡obviamente!). Pero esas mismas herramientas acaban por incorporase a tu vida personal. Puede que no midas las menciones de tus amigos, pero sí que de manera inconsciente observas el efecto de tus canales personales. El efecto “conseguir amigos” (ansia numérica pura) está ahí desde el principio. Hay gente que se pone retos numéricos en Facebook o LinkedIn sin tener la más mínima consideración sobre si son amigos o contactos profesionales de verdad. Y no son pocos los que lo hacen, no nos engañemos.

En algunos casos extremos los canales personales y profesionales son los mismos, con lo que la métrica engloba tanto a amigos como a potenciales clientes, proveedores y socios. Dada la coincidencia de los canales es lógico pensar que la inercia nos hará extender tics, costumbres y compartir herramientas en nuestra esfera personal y en la profesional.

Hay experimentos que han demostrado que la mera propuesta de “pensar en términos computacionales” (números) reduce nuestra capacidad de sentir empatía y reconocer emociones. Es decir, cuando ocupamos el cerebro con números no dejamos espacio para mucho más,  sacrificando nuestra parte blanda.

Decía Stalin que “La muerte de un hombre es una tragedia. La muerte de millones es una estadística”. El caso es que somos incapaces de aplicar emociones a determinados números o conceptos abstractos, sobre todo si son números amplios. Por eso los vídeos y campañas de mayor éxito para recaudar fondos hablan de una víctima en concreto en vez de mostrarnos cifras, números, tendencias, estadísticas, informes, etc. Los mejores “virales” buscan provocar el efecto de una víctima identificable que provoque emociones. Las emociones son vínculos de tú a tú, no de tú a ‘magnitud’.

Lo más curioso es que para “simular emociones” desde una cuenta profesional usamos los números: tendencias, KPIs, ROI, etc. Es decir, buscamos en los números y la complejidad si hemos acertado con relación a las emociones y la sencillez. Esto nos crea una ceguera temporal hacia la conversación “de tú a tú”,  y especialmente en cuentas sociales pequeñas debemos evitarlo (otra cosa es manejar 200 conversaciones simultáneas).

Por otro lado, es normal que acabemos recreando ese patrón a pequeña escala; sobre nuestro pequeño mundo personal. A veces pensamos en nuestras relaciones personales bajo el prisma profesional, o al menos influido por esa ceguera temporal (números, patrones, hábitos personales y automatismos de métrica). Así, reducimos la emocionalidad también en nuestras relaciones personales, al estar influidas por nuestros tics corporativos.

Esto ocurre con mayor intensidad cuanto más difuminada esté la línea que separa tu trabajo de tu vida personal. Si tus canales sociales y profesionales son los mismos (autónomos, consultores, etc.) el efecto es entonces demoledor. Este estudio os va a encantar (sobre todo a los fans de apple) Automatic Effects of Brand Exposure on Motivated Behavior: How Apple Makes You “Think Different”. Lo recomiendo para que veáis hasta que punto nos vemos afectados por cuanto nos rodea.

3 La inercia como asesino de la creatividad

La inercia es el camino más rápido a la caída libre. Cuando me preguntan por qué “ando trasteando con herramientas, apps, redes o el móvil” siempre respondo lo mismo: “pruebo cosas para inspirarme”. Pero últimamente, sin negar en que hay que experimentar y renovarse, creo que he caído en un autoengaño.

El día a día nos mueve a gestionar pequeñas tareas y costumbres, que al trasladarse a nuestro ocio provoca que nunca tengamos espacio para reflexiones profundas. Digamos que no nos permitimos tiempo para hacer “limpieza mental” y ordenar conceptos.

Los árboles no dejan ver el bosque y el mimo hace ruido cuando le cae un árbol encima sin estar nadie cerca para escucharlo, así que da igual. Pensar en términos abstractos es complicado, la creatividad tiene sus normas: hay que rodearse de tiempo, concentración y libertad. El hecho es que la creatividad tiene más normas que la aleatoriedad conceptual, pero ambas requieren tiempo y ausencia de interrupciones.

Permitir que las redes sociales sean la inercia dominante (cuando pasamos del modo Ocio al modo Negocio solo cambiamos la cuenta, no el canal) mata la creatividad y la capacidad de pensar de manera estratégica o conceptual.

Así, probar herramientas nuevas y leer casos de éxitos no inspira, más bien transpira. No es malo, pero no hay que confundirse. Puede que copies mejor así, pero no te inspiras si no lo acompañas de espacios cerrados para la reflexión sobre los que serás tú quien cree conceptos o estrategias nuevas.

4 Ocio sin descanso

Open, de John Martinez Pavliga (Flickr)

Open, de John Martinez Pavliga (Flickr)

No tenemos tiempo, nunca tenemos tiempo para nada que no sea “en tiempo real”. Cada día entiendo más al conejo de Alicia en el País de las Maravillas, espero que un día deje de correr y rompa el reloj. No tenemos tiempo por que no somos nosotros los que controlan el tiempo. Tenemos la sensación de absoluto control y capacidad de gestión sobre nuestra vida digital (y la de nuestra marca), pero en realidad somos como un cubo bajo la lluvia que se quiere tapar con el asa.

Mantener un canal Twitter (por poner un ejemplo) es como hablar: exige atención constante. Cuando a las 17:59 horas sales de la oficina llegas a la falsa conclusión de que ha finalizado tu día laboral. Y la sensación es falsa por dos motivos:

1 – Por que el twitter de la empresa sigue abierto y las notificaciones no entienden de horarios.  Eso exige atención latente, gasta y consume energías.

2 -Por que el twitter personal abre a esa hora (si no lo había hecho antes), y ahora exige atención patente, que también gasta y consume energías.

En el mejor de los casos (te dedicas a tus perfiles sociales) te mentirás a ti mismo diciendo que tu twitter lo disfrutas, dado que es privado y no es lo mismo. Pero no es del todo cierto, seguirás aplicando una serie de hábitos, usando una serie de herramientas y en un estado de atención o prealerta.  Además, sigue siendo una exhibición pública en la que pones en la picota tu vida personal y profesional si no tienes cuidado. De nuevo estás en el mismo caso que con los canales de tu empresa: estás a disposición de los horarios de los demás, que podrán interrumpirte sea cual sea tu grado de relación y conexión.

Creo que eso es lo que realmente se democratiza con las redes sociales: ahora somos capaces de molestar a quien queramos.

Desconectar

Hay mil posts sobre cómo desconectar. No voy a escribir mucho sobre este aspecto dado que cada uno tiene sus trucos. Pero sí quiero trasladar lo que a mi me ha funcionado:

Ponte al frente de tu vida: la inercia mata.
Apaga el móvil/tablet/PC bastante antes de acostarte, no valen los términos medios.
Separa más tu vida personal de la profesional aunque sea para que beneficien de su propia diferenciación.
– Enumera las redes sociales que no te aportan demasiado y date de baja hoy mismo.
– Establece costumbres diferentes para redes sociales personales y profesionales.
Ojo con el BYOD.
– Participa en actividades lejanas a las redes sociales, aporta algo nuevo en tu vida que no sea mera continuidad.
Limpia los grupos de WhatsApp, no es obligatorio estar en gran parte de ellos.
– Escoge un período de al menos 1 mes y apaga todo en tu vida personal-media.
– Envía este post a todos tus contactos.

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2 pensamientos en “La maldición del Social Media Manager

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