Por qué tu próxima propuesta debe ser una chapuza

Sin título, de Luis Zafra (Flickr)

Sin título, de Luis Zafra (Flickr)

¿Suena extraño verdad? Se supone que debería ser al revés, tus propuestas deberían ser perfectas, limpias y con una imagen que convenza ¿No? En realidad hay truco, dado que tu propuesta debe ser una chapuza siempre y cuando se cumplan dos condiciones:

  1. Se trate de propuestas internas de la empresa.
  2. Debes tener deseos de que tu propuesta sea enriquecida por tus compañeros.

¿A qué me refiero con propuesta?

En primer lugar excluyo, obviamente, las propuestas dirigidas a clientes, socios, proveedores, etc. Me refiero a aquellas propuestas internas que inician un camino previo. Se trata de borradores que acabarán como proyecto frente a, por ejemplo, tus stakeholders.

En segundo lugar entiendo que cuando elevas o compartes una propuesta interna lo haces para enriquecerla y completarla. Si tu deseo es llevarte el mérito entonces puedes seguir leyendo, pero haz justo lo contrario de lo que digo. Pero si realmente deseas aprovechar la creatividad de otros entonces sigue adelante con la chapuza.

¿Por qué debe ser una chapuza?

El formato de una propuesta es importante, pero lo es por los efectos que genera y no por la estética o la perfección formal que presente. Es decir, no se trata de alcanzar la estética sin motivo ni de asumir que la misma aporta valores positivos sin condición.

El formato y la estética tienen sus propios valores. Ambos aportan veracidad, proponen estabilidad y mueven a pensar que todo está equilibrado, cerrado, aceptado y pensado. Sin embargo, cuando lo que quieres es someter una idea o propuesta a todo tipo de cambios y opiniones esos valores son justo lo que debes evitar.

Debes buscar confrontar tu idea para poder perfeccionarla y aumentar su valor. Cuando haces una propuesta (un borrador) lo que quieres no es la aprobación en primer término. El óptimo es perseguir una inercia que critique, que proponga cambios, que someta a juicio y que mejore la propuesta. Lo que estás buscando, o deberías, es creatividad para cambiar los contenidos del proyecto y que éste sea mejor. Así pues, esa tendencia a aceptar como cierto lo bello no te conviene, al revés, te perjudica.

El camino debería ser: propuesta1 > cambio > propuesta2 > cambio > propuesta-x > aprobación. Si buscamos atajos lo único que conseguiremos es eliminar cualquier posibilidad de enriquecer nuestras ideas, esas por las que luego deberemos responder.

Cualquier diseñador te confirmará que funciona igual que el borrador de, por ejemplo, un anuncio para un cliente. Primero establecemos la idea principal, y sobre ella vamos puliendo y definiendo los detalles para alcanzar una meta o “arte final”. Sobre este punto recomiendo este post de Yorokobu sobre la técnica del brazo peludo.

¿Qué ventajas tiene una propuesta que carezca de formatos cerrados?

Suena arriesgado acercarte a un superior y decirle que quieres someter una propuesta al equipo, y aparecer con un papel que contiene unas ideas claras pero ‘poco trabajadas visualmente hablando’. Pero esa es la mejor manera de obtener la creatividad y los aportes de terceros.

Las ventajas de prescindir de formatos superfluos, cuando no histriónicos, serían:

  1. Te centras en lo importante: las ideas de la propuesta.
  2. Evitas juicios sobre el formato que contaminen la apreciación de los contenidos propiamente dichos.
  3. Facilitas los cambios, tanto a nivel mental como práctico.
  4. Creas un entorno en el que añadir y restar contenidos es fácil para los participantes.
  5. Eliminas prejuicios al dejar el documento abierto.
  6. Generas un clima en el que el proyecto es de todo aquel que participe, consiguiendo mayor engagement interno con la idea.
  7. Fomentas la colaboración.
  8. Evitas duplicidad de tareas de formato. O sea te ahorras mover todo tipo de bloques de texto, capítulos, índices, gráficos, negritas, cursivas, etc.

El caso es que en las empresas solemos hacer justo lo contrario. Tenemos una idea, la esbozamos, buscamos datos que fundamente nuestra visión (y de paso desechamos los que la contradigan) y finalmente encerramos todo en un precioso documento que acaba siendo rígido, cerrado, definitivo y probablemente erróneo. Si lo haces en PowerPoint entonces hay “bola extra” dado que sólo sobre mármol será más difícil cambiarlo.

Lógicamente hay desventajas si presentas un documento abierto: no quedas de héroe corporativo y la idea es de todos, no tuya. Eso pica, y no hay rascador válido contra ese escozor. Pero eso no suele ocurrir en España ¿no?

Prepara tu próxima chapuza

Así que ya sabes, no pierdas demasiado el tiempo con el formato de tus propuestas, ideas o prototipos. Céntrate en la idea, da rienda suelta a tu creatividad. Cambia, modifica, critica, destruye y construye. El formato es para los clientes, va en el precio, pero esa es otra historia.

Si tu superior te hace alguna observación sobre el formato simplemente dile que estáis en el mismo equipo. Se trata de construir, no de emitir certificados ni visados.