Por qué tu pie de email corporativo no debe ser nunca una imagen

Mail (Foto de Ian Broyles, Flickr)

Mail (Foto de Ian Broyles, Flickr)

Que te quede claro: tu pie de email corporativo no debe ser nunca una imagen. No esperaba escribir nunca un post tan sencillo como éste, pero debido a que cada semana me encuentro con la misma pregunta (y recibo a diario varios emails que pecan de este problema) he decidido escribirlo. Al menos así cada vez que tenga que explicarme podré remitirme a mi mismo (cool!) y me ahorraré algo de tiempo.

Las escena es la de siempre, alguien que no se ocupa de estos temas decide diseñar el pie de mail corporativo: es entonces cuando él mismo genera una imagen con el logotipo sobredimensionado, algo de texto (cuya tipografía y tamaño nunca se conocerá), algunos links (que no son clicables) y probablemente un dibujo de un pino debajo aludiendo a la responsabilidad de no imprimir el susodicho email.

Salvo el logotipo, todo lo que sea una imagen se pierde en un email. Os resumo mis razones para no recomendar que tu pie de mail, o claim corporativo, sea una imagen:

  1. El texto es reutilizable: los receptores podrán copiar y pegar los datos de contacto del email, guardarlos en evernote, en otra agenda, enviarlos a un calendario, buscar en la web, geolocalizar en un mapa, añadir a 4sq… y un eterno etcétera.

  2. El texto es clicable: la imagen admite sólo un link/clic, salvo que te metas a hacer mapas de hrefs en la imagen, en cuyo caso eres un caso perdido y no deberías seguir leyendo este post. Cada texto puede incorporar un link diferente, y podrás incorporar a tu pie de email un link hacia tu perfil de Linkedin, al canal Twitter corporativo, a la web de la empresa y a tu propio email (Sí! Otro mundo es posible y está lleno de links!).

  3. El texto es encontrable: usando texto en vez de imágenes pueden buscarte en el programa de correo por tu nombre, cargo, empresa, o la dirección física de las oficinas. Con un pequeño fragmento que sea recordado podrás ser buscado en los programas de correo de tus destinatarios. Esta ventaja se expande si añades un correo a una agenda de eventos, calendario o CRM.

  4. El texto es imitable: sí, puedes reutilizarlo para actualizar un teléfono, añadir tu twitter, cambiar la dirección de las oficinas, etc. Puede que los nuevos empleados usen una plantilla para incorporar sus propios datos, evitando la anarquía postal  el libre albedrío. ¿No te convence? Pues imagínate que para cada pequeño cambio que hagas debas generar una imagen nueva y molestar pedírselo a tus informáticos / diseñadores ¿No suena a poco eficiente?.

  5. El texto es estándar: el texto es visible y compatible en cualquier soporte, las imágenes no. La mayoría de los clientes de correo, y sobre todo en dispositivos móviles, no cargan las imágenes por defecto. Cada vez más correos se abren desde dispositivos móviles, no lo olvides.

  6. El texto es responsivo: salvo que te compliques en exceso es muy fácil conseguir que el texto sea responsivo, mientras que si utilizas imágenes lo más probable es que en determinados navegadores (móviles, tabletas, consolas, smart TVs, navegadores accesibles) tengas bastantes problemas.

  7. El texto es compatible: insisto en este punto, dado que garantiza que será visible en cualquier soporte, lo cual es la razón principal que tiene cualquier pie de email… aunque muchos insistan en convertirlos en banners.

  8. El texto es seguro y ligero: salvo que incorpores un NSFW en el asunto lo más probable es que los filtros de correo tengan menos problemas con textos que con imágenes, que además cargan de peso tu buzón de correo. Tu buzón puede estar saturado de imágenes sobredimensionadas (y repetidas hasta el infinito y más allá) en términos de KBs. He visto algún pie de mail de 1MB, eso es ego y no otra cosa.

 ¿ Y qué ventajas tiene cambiarlo por una imagen? Ninguna, como mucho algo de diseño que probablemente nunca sea visible.

¿Afirma la IAB Estadounidense que la privacidad de los usuarios pertenece a las marcas?

LA IAB Estadounidense ha declarado que la nueva y más restrictiva política de cookies de Firefox (ver noticia) es un “golpe nuclear a la industria publicitaria”. Hasta ese punto estoy de acuerdo con la IAB/USA: es un golpe que va a cambiar muchas cosas, el problema es lo que  después vienen a afirmar.

Con el nuevo Firefox las webs podrán usar cookies, pero las cookies de terceros sólo se podrán usar si el usuario ha visitado anteriormente sus sitios. O sea, se acaba la posibilidad de que cualquiera pueda trazar un perfil del usuario. En definitiva, se persigue evitar la posibilidad de que los navegantes se conviertan en un contenedor de cookies libres que ofrecen un perfil demasiado invasivo sobre ellos mismos. Esta estrategia deja más opciones que la política de Safari, pero dado que Firefox está bastante más extendido (1 de cada 4 navegadores aprox.) se trata de un ataque más serio a las posibilidades de hacer remarketing a través de redes publicitarias o de tener métricas más fiables, según la IAB.

Mozilla Firefox

Firefox

El problema llega cuando la IAB Estadounidense afirma que “se corre el riesgo de convertir la red en una auténtica máquina de generar spam”.

Para llegar a esta distopía publicitaria conclusión se basa en que los anunciantes, al no saber si se ha visualizado determinada publicidad con anterioridad, seguirán mostrándola de manera constanteEsta autoinculpación futura de ser una máquina de generar spam es una barbaridad, y lo es tanto en lo tocante a los usuarios como sobre la propia industria publicitaria.

Primero: acusa a la industria de ser “teleológicamente” spammer. Directamente concluye que o bien obtiene datos/cookies de los usuarios o bien se verán obligados a spammear (Entiendo que para garantizar que el mensaje llega). Creo que la industria publicitaria es mucho más que repetir mensajes, honestamente lo pienso.

Segundo: eleva a la categoría de verdad absoluta lo que las cookies puedan contener. Hay quienes borran las cookies cada cierto tiempo o comparten equipo, por ejemplo. Por haber, hay hasta quienes modifican las cookies por el placer de ser molesto (esto es anecdótico, pero real).

Tercero: centra el negocio de la publicidad/marketing en las cookies, olvidándose del resto, como el marketing de contenido / inbound marketing, los procesos de fidelización, las comunidades, el social media y el social CRM.

Cuarto (y más grave): la IAB Estadounidense considera que el hecho de que los usuarios tengan privacidad es una agresión. Y es que se habla de la privacidad de los usuarios como si ésta perteneciera a los anunciantes.

Creo que sólo el desconocimiento de los usuarios explica que a día de hoy haya tan bajo nivel de privacidad en algunos aspectos de internet, las redes sociales y la publicidad. Dicho de otro modo, parece que la privacidad de los usuarios pertenece a las marcas. Exagerado o no, es el planteamiento de base que se ha vertido, con amenaza de spam incluida.

No creo que el actual sistema de privacidad permanezca tal y como está establecido a día de hoy durante demasiado tiempo. Los anunciantes y las marcas debemos ir considerando otras opciones que no abusen de la privacidad de los usuarios, o que al menos no estén tan directamente basadas en la supuesta privacidad de la navegación.

IE10 y Safari ya han permitido a los usuarios tener un mayor control sobre cómo se les trackea así que me pregunto: ¿Es un golpe nuclear a la industria publicitaria? Sí, pero en parte y sólo tal y como está establecida hoy. Evolucionemos, los usuarios lo piden.

Cómo crear tu propio RSS desde Google Reader

Creo que habré leído cerca de 1.000 veces  que no se puede crear un Feed RSS de las noticias a las que te suscribes con Google Reader. De hecho, ya había resuelto ese tema para mis necesidades personales de filtrado/reenviado a través de un par de automatismos. Incluso había probado enviando determinadas noticias a Pocket para luego obtener la URL del RSS de Pocket (Ver URLs: http://help.getpocket.com/customer/portal/articles/482632 ).

RSS público de Google Reader

Activar RSS público de la etiqueta de Google Reader

El caso es que preparando un par de ejemplos para una clase sobre RSS y productividad me encuentro con que sí es posible generar RSS desde Google Reader, y encima es realmente sencillo.

Sólo necesitamos crear una etiqueta que servirá de “disparador”, por ejemplo CreaRSS. Luego en Google Reader, ve a “Configuración” hay que acceder a la pestaña “Carpetas y etiquetas”. Una vez allí, hay que activar el icono RSS (que por defecto está en privado) y lo cambias a “Público”.

Vista del menú de la etiqueta

Menú de la etiqueta

Si vuelves otra vez a Google Reader y despliegas las opciones de la etiqueta CreaRSS podrás ver la opción “Ver detalles y estadísticas”. Al darle click a esa opción verás que tienes la url del Feed, la cual funcionará como tu propio Feed RSS.

Hay varias soluciones para crear tu propio RSS, pero ésta me gusta especialmente por que al girar sobre etiquetas puedes trabajar perfectamente con lectores de smartphone sin tener que pasar por otros servicios/apps.

Cuantos menos servicios menos dependencias, cambios en las condiciones, fallos, etc. O sea, cuanto más simple: menos falla.

Repito los pasos:

  1. Crea una etiqueta que envíe el contenido a tu RSS (p.e. CreaRSS).
  2. Ve a Configuración.
  3. Ve a la pestaña Carpetas y etiquetas.
  4. Marca como pública la etiqueta que acabas de crear (CreaRSS).
  5. Ve al lector de noticias de Google Reader.
  6. Despliega las opciones de la etiqueta CreaRSS. (Triángulo a la derecha de la etiqueta).
  7. Dale click a detalles y estadísticas.
  8. Te mostrará la URL del Feed de noticias (Y las estadísticas).

¿Para qué quieres un RSS? Las razones son inagotables: para republicar, filtrar, reenviar información a determinadas personas o clientes, para automatizar a evernote/hootsuite, para mantener tu blog de WordPress… Seguro que se te ocurren otras muchas posibilidades.

La información de usar y tirar

GTD - Demasiada información

¿Mucha información?

Este fin de semana, durante una reunión de amigos, he podido asistir a una nueva costumbre que me ha sorprendido: las consultas fugaces en internet sobre cualquier extremo del tema de conversación.

Gracias a las nuevas tecnologías y las redes sociales usamos internet como una parte de nuestra memoria, accesible de manera más o menos rápida  y siempre a nuestro alcance (según tu plan de datos, claro). Estas consultas rápidas (¿Fast Feed?) son aparentemente una ventaja. Y digo “aparentemente” por qué con este sencillo gesto hemos abierto una enorme puerta a que nos mientan, nos engañen o nos confundamos nosotros solitos.

Los Social Media Managers / Community Managers somos, en gran medida, responsables de esto. La práctica de fragmentar la información para tener más impactos, mejor cadencia y mensajes más directos tiene sus consecuencias: la simplicidad de cada dato aislado es el nuevo monstruo del conocimiento.  Usar rápidamente la información que encontramos, en forma de píldoras o no, conlleva principalmente por 3 peligros:

a)      No necesariamente el dato es cierto. En este viaje fugaz hacia la información no somos capaces de leer pausadamente y perdemos el entorno del dato. Es probable que hayamos acudido a una fuente tendenciosa, obsoleta, o directamente falsa.

b)      No necesariamente el dato es correcto. Asumimos como cierto lo que la fuente asegura, como si nunca nadie cometiera errores. No hacemos double checkingni lo haremos ni es sencillo valorar la información con tranquilidad en plena conversación.

c)       No necesariamente hemos entendido la información. Esto nunca lo admitiremos, pero es posible que al llegar al dato simplemente no lo comprendamos. Es probable que no sepamos cómo manejar esa  información, y cualquier manual sobre manipulación y creación de opinión podría basarse exclusivamente en este punto.

Un ejemplo de cómo la información te traiciona: hace unos meses se destacaba que Facebook era mejor que LinkedIn para buscar trabajo. Una encuesta en EE.UU. reflejaba que 18 Millones de usuarios habían encontrado trabajo a través de Facebook y sólo 10 millones gracias a LinkedIn. Hasta aquí parece correcto, el problema es que en esa época Facebook tenía cerca de 160 millones de usuarios y LinkedIn sólo 45 millones (EE.UU). Una segunda lectura arroja que desde LinkedIn tienes el doble de probabilidad de encontrar trabajo (el 22% de los usuarios de LinkedIn encontraron trabajo contra el 11%  de Facebook, lo cual no deja de ser sorprendente). Rápidamente se extendió una ola de tweets diciendo que “Facebook es mejor que Linkedin para buscar trabajo”, y un día después todo se olvidó.

¿Y cuántos de vosotros habéis aceptado que tenéis que estar en Facebook porque hay cerca de 900 millones de usuarios?  ¿Y si luego te dicen que el 75% de los 7.000 millones de habitantes del planeta ven la televisión? ¿Deberíamos entonces poner anuncios en TV obligatoriamente? El razonamiento (y su trampa) es el mismo.

Una versión más gráfica de este asunto son las infografías. ¿A quién no le gustan las infografías? Acudimos a ellas por su estética y por lo bien que transmiten la información. El peligro de las infografías es que simplifican tanto que podrían estar mintiendo sin permitirnos ver la trampa, con el añadido de que el acierto estético apoyará su presunción de veracidad. Es cierto que vivimos en un mundo en el que las imágenes son cada vez más protagonistas (¿lo lamentaremos?).

Está claro que hoy día necesitamos más información de la que somos capaces de gestionar, y aprender o recordar tiene procesos muy diferentes a los que conlleva chequear Wikipedia (por poner una fuente fiable) o Delicious.  La ventaja de acceder a la información no nos sirve de nada si no mantenemos costumbres muy offline como: releer, razonar, procesar información compleja,  reconocer las fuentes y sus ventajas, defectos, etc.

Si no tenemos cuidado habremos convertido a la sociedad de la información en chicle, en vez de ser “alimento para el alma”.  ¿O que os pensabais? ¿Que todo iba ser tan fácil?