Gowex: el engañement o como querer que nos mientan

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Gowex (autor: Gowex, en Flickr)

No voy a comenzar diciendo que lo de Gowex se veía venir, por que no sería cierto. Pero sí que es cierto que hace unos meses conversaba con unos amigos y comenté que no entendía lo de Gowex, que ofrecía una tecnología ya superada. Me cayeron palos de todos los colores por mi comentario.

Intente explicar a mis amigos que con el despliegue de 4G (y lo que nos rondará morenos) no veía ningún sentido a Gowex, y mucho menos a medio o largo plazo. Yo apenas veía un nicho, pero desde luego no un nuevo monstruo. Mis amigos me llamaron de todo y perdí el debate por aplastante inferioridad numérica. Tras el debate pensé que desconocía los entresijos de Gowex y que yo no alcanzaba a entender su modelo de negocio.

Ahora empiezo a entender que ese día yo tenía dudas por que mi sentido común me decía que algo fallaba. Pero mis alertas estaban siendo apagadas porque todo el mundo quería creer. El respeto que se le presuponía a Jenaro García y el culto hacia su personalidad, el ‘guruismo coacher’, pudo con mi intuición inicial y pensé que debía ser yo quien se equivocaba. Todo el mundo opinaba en una única dirección.

Mis amigos me dicen ahora que lo de Gowex es un hecho aislado, que era imprevisible, que han fallado todos los órganos de supervisión, colocadores, casas de análisis… Pero de nuevo mi sentido arácnido me dice que no, que Gowex es el síntoma de algo más. Hemos construido muchos negocios basados en expectativas, que en muchos casos sólo se fundamentan en promesas.

Ahora se habla de Gowex como la historia de una mentira contable, pero también podría ser la historia de una persuasión constante a inversores, socios, proveedores, clientes, empleados y en general a la sociedad. Y en ese punto es en el que digo que es síntoma de algo más.

Es el síntoma de que somos víctimas del engañement. Y me refiero al ‘engañement’ como máxima expresión de cuando nos excitan con artificios para nublar nuestras precauciones e inflar las expectativas confundiéndolas con nuestros deseos. Es fácil acudir al ‘engañement’: basta con aplicar una serie de verdades genéricas. Se trata de frases tan amplias como para no aportar nada en situaciones concretas, pero que a la vez son irrefutables. Es el liderazgo mal entendido.

Seguimos prefiriendo promesas a proyectos, mantras a razonamientos y tweets a informes. Hemos acortado y vaciado de contenido la información y hemos resumido hasta el extremo con frases grandilocuentes. Entre todos hemos establecido lo que hay que creer (al líder), lo cual engorda las expectativas de negocio, que a su vez engordan las de inversión. Y todo funciona hasta que alguien dice basta o alguno en la cadena deja de creer.

Hoy día es difícil distinguir a un charlatán de un profesional, por que todos dicen lo mismo. Jenaro García, un líder de tomo y lomo, repetía slogans de coaching desde hace años y todos le aceptamos por su liderazgo, es decir: se retroalimentaba. Ahora pensamos que todo es culpa del supervisor, pero no hemos hecho autoevaluación sobre lo que queremos creer.

Simplificamos en exceso, y mira que me encanta la sencillez. La vida es compleja, los negocios, las relaciones sociales, las expectativas, el management, los estados de ánimo de los empleados… Todo es complejo, y no podemos ir al almanaque a buscar frases hechas para encontrar soluciones. Las razones son sencillas, los hechos nunca.

La intuición me decía que el Wifi era un tecnología obsoleta comparada con la movilidad que ya tenemos a costes relativamente aceptables. Pero el engañement generalizado me pudo: eran demasiadas las ganas de creer en esfuerzo, levantarse, luchar, emprender, creer, deseo, etc.

Otro ejemplo: Hace unos años fui a una charla de un tal Brian Solis (Sí, lo sé, está en un altar en muchas oficinas), su presentación me pareció espeluznante: vacía, confusa, una amalgama de frases tuiteables con gráficos de tercera mientras colocaba su nuevo libro en el atril para que todos pudiéramos comprarlo. Eso sí, es un gran orador.

Brian llegó a afirmar, sin rubor, que debíamos impactar al menos 3 veces al día a nuestro público objetivo para generar engagement… y ahí dejé de escuchar. Todos aplaudían y se emocionaban, salvo unos pocos.

El caso es que algunos siguen creyendo en él por que entre todos han decidido que hay que creer en él. Pero si en vez de Brian Solis hubiera salido alguien desconocido de una consultora española con esos gráficos y su libro sobre el atril nos lo hubiéramos comido con patatas. Entiendo que Brian es mucho más que lo que vi ese día, pero pensar eso no me tranquiliza.

La simpleza es algo grande, y puede ayudar a comprender. Pero puede ser el mejor disfraz para la cancamusa, es un arma de doble filo.

Lo de Gowex no se veía venir, pero lo de simplificar hasta extremos absurdos sí se veía venir. Hay gente en Twitter que tiene éxito por que su capacidad límite coincide con la de la red: 140 caracteres. Y el nivel que las marcas han establecido en Facebook  para ser entendido viene a mostrar hasta que punto el continente ha determinado el contenido.

Hace tiempo hice mi propio experimento personal sobre redes sociales, apagando todas. Fue sorprendente debido a la capacidad de pensar de manera compleja, de abordar asuntos de manera más intensa y completa.

La prisas, el mal llamado Real Time, las interrupciones, escribir para el SEO, pensar en forma de Tweets, los decálogos, las frases y citas famosas, los mantras del coaching, la burbuja del emprendedor… Todo es inteligencia colectiva prestada en la que hemos decidido que hay que creer, usar y tirar.

Quien no crea será expulsado del grupo argumentando que ‘no comprende’, ‘el mundo ha cambiado’, ‘no ha sabido adaptarse’, y mi preferido ‘la tecnología lo permite’.

Hay que trascender en las ideas, valorarlas, tomarse un tiempo y estudiar pros y contras. No se trata de escribir tomos de 200 páginas con modelos de negocio pero sí de evitar atajos alegando el ‘Canvas Model’, el cual permite que algunos disfracen sus carencias usando la simplicidad.

Las personas son complejas ¿cómo no va a ser compleja la comunicación? Muchos habréis dejado de creer en el Jenaro, el líder caído, pero seguiréis a otro nuevo que hará lo mismo: usar vuestro deseo de creer. Tejed vuestras propias opiniones, no repitáis las frases hechas.